Las brujas de Zugarramurdi.

Escucha nuestro podcast en «Días de Radio» (Candil Radio) – 25/11/2021

En Europa, la práctica de la brujería ha sido una constante desde la Antigüedad. Ha recibido muchos nombres, y sus motivaciones e idiosincrasia han sido muy distintas con el paso del tiempo. Pero si existe un caso que demuestra su pervivencia durante la Edad Moderna, ese es el de Zugarramurdi.

En la Península Ibérica, las distintas expresiones de la espiritualidad han estado presentes durante siglos. La brujería es una de ellas. Superviviente entre las distintas culturas que han sido hegemónicas en las distintas etapas de la Historia, también fue practicada durante épocas en las que estuvo prohibida.

Con una gran relevancia del papel femenino, las mujeres que continuaban ejerciendo prácticas de este tipo sufrieron el azote y la persecución de la Iglesia Católica en los límites de la actual España. Y uno de los sucesos que mejor ejemplifican todo esto es el de las brujas de Zugarramurdi.

 

Zugarramurdi.

Zugarramurdi es un pueblo que se encuentra dentro de los límites de la Comunidad Foral de Navarra, en Pamplona. De pequeñas dimensiones[1], alcanzó la condición de Villa en la segunda mitad del siglo XVII[2]. Con lugares de gran interés cultural y artístico, como la Iglesia de la Asunción[3] y la Ermita de Nuestra Señora del Rosario, está íntimamente relacionado con el esoterismo y el ocultismo.

Esta relación llega a tal nivel que la palabra “aquelarre”[4] nace allí, relacionada con un prado de la zona, junto a la cueva donde acontecieron los hechos que hoy os relatamos. Nace de la creencia que allí pastaba un macho cabrío negro que se convertía en humano con la presencia de las brujas, al cual se relacionaba con el mismísimo Satanás.

 

Los antecedentes.

Hacía mucho tiempo que la Iglesia Católica, a través de la Inquisición, había comenzado una persecución de grandes dimensiones contra aquellas personas que practicaban lo que ellos consideraban “cultos heréticos”. Para poder comprender bien lo sucedido en Zugarramurdi, debemos trasladarnos al País Vasco francés, donde el comisionado de Enrique IV, Pierre de Lancre[5], comenzó un juicio contra las brujas de Labort.

 Cuando Lancre arribó a Labort, provocó el terror entre sus habitantes, que comenzaron a desplazarse rápidamente hacia territorio navarro, por temor a represalias. Según lo que el propio comisionado del rey de Francia dejó por escrito, creía que se reunían en cualquier momento, de día o de noche, para adorar a un macho cabrío y celebrar “misas negras” en las que incluso parecía que participaban sacerdotes que habían cometido sacrilegio.

Según Lancre, los participantes se valían de sortilegios y ungüentos para poder volar, y todo esto era lo que provocaba las desgracias de la población y los desastres climatológicos que incluso provocaban naufragios, con la consecuente pérdida de vidas humanas.

Toda esta información, obtenida a través de la tortura, cuenta con un problema añadido: Lancre no hablaba euskera, y es muy probable que muchas expresiones y vocablos ni siquiera supiese lo que significaban, a pesar de contar con traductores, lo que, sin ningún lugar a dudas, podía ser utilizado de forma torticera para conseguir pruebas falsas.

Tras verse implicadas miles de personas, el suceso acabó con la quema de 80 personas supuestamente implicadas en estos encuentros. Pronto, el miedo y el terror se fueron trasladando al que ya era el principal foco de la brujería en la zona.

 

Las brujas de Zugarramurdi.

Fue a finales de 1608 que regresó a Zugarramurdi una joven que años antes había emigrado a la zona de Labort. Comenzó a contar que era bruja,  que había participado en aquelarres durante más de un año, afirmando haber visto a una de las habitantes del pueblo, llamada María de Jureteguía. Aunque ésta lo negó, la joven consiguió convencer al pueblo, y finalmente María confesó, diciendo que era una tradición familiar, y comenzó a dar nombres de otras personas que participaban en dichas reuniones.

La población respondió entrando en sus viviendas en busca de sapos (íntimamente relacionados con la brujería, como acompañantes y protectores). Siete mujeres y tres hombres, tras una confesión pública, fueron perdonados públicamente.

Pero aquí no acabó todo, ya que estos acontecimientos llegaron a oídos de la inquisición en Logroño y, de inmediato, enviaron a Zugarramurdi a uno de sus comisarios, acompañado por un escritor y dos inquisidores, los cuales, convencidos de la veracidad de los hechos, encerraron a cuatro de las mujeres implicadas. El Consejo de la Suprema Inquisición de Madrid les exigió que se cerciorasen de que lo que parecían saber era cierto con un cuestionario de catorce preguntas, pero estos hicieron caso omiso.

Esto motivó que una comitiva de habitantes de Zugarramurdi, acompañados por un guía, llegase a las mismas puertas del tribunal en Logroño el día 9 de febrero del año 1609, alegando que todo era mentira y que las confesiones se debieron a la tortura a la que sometieron a quienes delataron. Sin embargo, no acabó como este grupo creía: el guía declaró que efectivamente practicaban la brujería, por lo que la Inquisición se decidió por la encarcelación.

 

El proceso de la Inquisición.

Los inquisidores, practicando durísimas torturas, implicando a familiares y (como confesaría Alonso de Salazar y Frías) utilizando el engaño con falsas promesas de libertad, fueron consiguiendo las confesiones que necesitaban. En agosto del año 1609, uno de los inquisidores comenzó a enviar desde Zugarramurdi a Logroño a los cómplices y colaboradores de las supuestas brujas, implicando a más de trescientas personas que fueron acusadas de estas prácticas.

En el proceso inquisitorial se recogió con profusión de detalles a qué se dedicaban estas personas y su relación con la entidad diabólica, además de cuáles eran las tempestades y males que invocaban contra el resto de la población.

Fue a mediados de 1610 que el tribunal acordó condenar a veintinueve de las personas que habían implicadas, pero Alonso de Salazar votó en contra de la quema en la hoguera de una de las acusadas, María de Arburu, y al año siguiente comenzó a dudar de la culpabilidad de los demás. Recibió por parte del Consejo de la Suprema Inquisición la orden de desplazarse hasta el lugar de los hechos e investigar directamente: esto terminó con el arrepentimiento público de este Inquisidor, considerando que se había cometido una gran injusticia.

Fue el día 7 de noviembre de 1610 que se celebró el auto de fe, con la asistencia de más de 30000 personas. En la procesión, que estuvo precedida por el pendón del Santo oficio, iban veintiún penitentes con cirios, de los que seis iban con una soga al cuello al haber sido condenados a ser azotados. También iban veintiuna personas más con sambenitos que indicaban que eran reconciliados y restos humanos, que habían sido exhumados para ser condenados después de su muerte. Después avanzaban por esta tétrica procesión cuatro mujeres y dos hombres que habían sido condenados al fuego. Duró tanto la lectura de las sentencias que se extendió hasta el día siguiente. Tras la reconciliación de dieciocho personas más que confesaron haber estado implicadas, seis fueron quemadas vivas.

Por las dimensiones e implicaciones de las sentencias dictadas, el proceso contra la brujería en Zugarramurdi merece por méritos propios ser considerado el más grave y brutal de la Historia de las acciones de la Inquisición contra estas prácticas en nuestro país. Pero aquí no queda todo…

 

Pedro de Valencia y la histeria colectiva.

Dentro de las críticas que recibió el proceso inquisitorial contra las brujas de Zugarramurdi destaca las vertidas por Pedro de Valencia. Este humanista, autor del “Discurso de Pedro de Valencia a cerca de los quentos de las Brujas y cosas tocantes a Magia” comentó en un informe todo lo relacionado que había ocurrido en Logroño.

Pedro de Valencia afirmaba que esto tenía mucho más que ver con problemas de salud mental -lo que hoy llamaríamos histeria colectiva- que con prácticas ocultistas relacionadas con Satanás, declarando ser necesario distinguir entre una posesión y la melancolía y la desesperación a la hora de tomar como ciertas las declaraciones de un acusado por brujería.

También indicó que todo esto podría ser un discurso que pretendiese justificar la realización de orgías donde dar rienda suelta a “los deseos carnales”, convenciendo a otras personas de estar relacionadas con el demonio.

 

Conclusiones.

Y esto último es lo que realmente convierte a los sucesos de Zugarramurdi en los más importantes y destacables en relación a la brujería y su persecución en nuestro país, ya que, a partir de ese momento se comenzó a tener en cuenta la posibilidad de la existencia de un componente de salud mental en lo que antes se creía de forma radical y fanática que era cierto en cuanto a las posesiones demoníacas y las prácticas ocultistas.

También es de destacar las investigaciones e informes que a tal efecto llevase a cabo y redactase Alonso de Salazar y Frías (ya comentado antes en este encuentro de hoy). Cuando llegó a la zona, con un edicto de gracia en la mano que aseguraba a quienes confesaran que no serían castigados, y hablando con ellos de forma llana y tranquila, concluyó que muchísimas de las acusaciones eran falsas y basadas no en casuística clara y pruebas fehacientes, sino en terrores que se volvían colectivos en cuanto a lo pernicioso de la práctica de la brujería en sus zonas.

 

Son muchos los casos relatados por Salazar, pero, sin lugar a dudas, muchísimas personas perdieron la vida por el fanatismo compartido entre habitantes e inquisidores, que no buscaban aclarar los hechos sino encontrar las pruebas que justificaban su forma de actuar.

La brutal persecución llevada a cabo por la Inquisición contra todas aquellas conductas que consideraba alejadas de la pureza católica llevó a la muerte a muchísimas personas. Zugarramurdi es uno de esos casos, pero, como dijimos anteriormente, llevó a Pedro de Valencia a establecer un elemento que lo diferenció de todos los anteriores, modificando de una vez y para siempre la forma de enfrentarse a las acusaciones por brujería.

 

Notas al pie:

[1] No alcanza los 300 habitantes.

[2] Concretamente en el año 1667.

[3] Siglo XVIII.

[4] Significa “prado del cabrón”.

[5] Posteriormente escribió dos libros sobre lo sucedido: “Tableau de L’inconstance” en 1612 y “L’incrédulité et mécréance du sortilege pleinement convaincue” en 1622.

 

Para saber más:

1.- www.issuu.com/serpagano

2.- www.elconfidencial.com

3.-www.wikipedia.org

4.- www.turismozugarramurdi.com

5.- www.uco.es

6.- www.dbe.rah.es

 

Fuentes de las fotografías:

1.- www.visitnavarra.es

2.- www.euskonews.eus

3.- www.theobjective.com

4.- www.elmundo.es

5.- www.wikipedia.org

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