La Cueva de Hércules.

Escucha nuestro podcast en “Días de Radio” (Candil Radio) – (18/03/2021)

 

Uno de los lugares míticos de la geografía española. Quizás, el lugar más sagrado y oculto de nuestro país, asimilado en los mitos con la Tumba de Hiram, el Oráculo de Delfos o incluso la Tumba de Jesús.

 

Uno de los muchos misterios que encierra la hermosa ciudad de Toledo es su “ciudad subterránea”, en la que destaca, sin duda, la conocida Cueva de Hércules, la cual ya se puede visitar desde hace uno años. Sin embargo, y aunque son muchos quienes han querido ver en este laberinto subterráneo el lugar mítico donde Hércules[1] enseñó sus misterios secretos, es muy probable que la verdadera Cueva de Hércules aún esté desaparecida. De hecho, todas las fuentes folclóricas sitúan la Cueva en el exterior de la ciudad y no bajo ella. Pero antes de llegar a este punto, conviene recordar la figura de Hércules y su papel en la historia mítica de España, pues sólo así podemos lograr comprender la importancia del papel de este héroe[2] y por qué este lugar perdido continúa motivando incesantes búsquedas por parte de los iniciados en las ciencias herméticas.

 

Hércules.

Hércules es el nombre que da la mitología romana al héroe griego Heracles. Es importante tener en cuenta esta cuestión, porque Heracles, o Hera –cles, es decir, la Gloria de Hera, antigua y poderosa Diosa, para muchos, la Diosa Madre de todas las Divinidades. No en vano, Hera parece significar “Señora”, en oposición a Heros, Señor.  Estamos, por tanto, ante un héroe masculino, de carácter solar, es cierto, pero también a un devoto de la Diosa, o cuanto menos, a un protegido de la misma Diosa. Recordemos la respuesta que Hera le da a Zeus, según la Ilíada de Homero: “también yo soy una deidad, nuestro linaje es el mismo y el artero Cronos, engendrándome la más venerable, por mi abolengo y por llevar el nombre de esposa tuya, de ti que reinas sobre todos los inmortales[3]; lo que nos da una idea de la importancia de esta Diosa en el panteón griego. Hera era hija de Rea y Cronos, y fue tragada al nacer por este debido a la profecía  que decía que uno de los hijos de Cronos le arrebataría el trono. Aquel hijo fue Zeus, que salvó su vida gracias a un plan urdido por Rea, quien envolvió una piedra en pañales y se la dio a Cronos en su lugar. Mientras tanto, Zeus fue llevado a una cueva en Creta. Más tarde Metis dio a Crono un brebaje que le hizo regurgitar a los otros cinco olímpicos: Hestia, Deméter, Hera, Hades y Poseidón, así como la piedra. Estamos, por tanto ante una de las Divinidades Olímpicas más antiguas.

No obstante, la relación de Heracles con Hera no fue precisamente amorosa. En realidad, los textos helenos la muestran como una enemiga de Heracles. Ya en su niñez envió dos serpientes a que lo matarán. Sin embargo, el niño Heracles las estranguló y luego jugó con ellas. Más tarde, por ejemplo, enviaría a las amazonas contra él. También fue ella quien envió una tormenta cuando Heracles regresaba desde Troya, provocando su pérdida en el mar. Hecho que provocó que Zeus la terminara encadenando con cadenas y un yunque de oro en el Olimpo. Por su parte, Heracles, cuando combatían contra el gigante Gerión, la hirió en el pecho con una flecha de tres puntas. Herida que nunca cicatrizaba y le causaba un gran dolor.

 

Esta relación tan extraña, entre la Diosa y el héroe, que por su nombre parece consagrado a ella, siempre ha generado cierta controversia entre quienes han analizado el mito. Sin embargo, desde un punto de vista esotérico, aquellas muestras de animadversión entre la Diosa y el héroe, se han interpretado siempre como pruebas iniciáticas. Es decir, retos que la Diosa ponía en el camino del héroe para que este pudiera desarrollar toda su fuerza y sabiduría, todo su potencial.

Esta interpretación sería confirmada por el hecho de existir diferentes fuentes helenas que aseguran que, al final, Hera y Heracles se hicieron amigos. Es decir, una vez Heracles completó su formación y superó todas las pruebas (los famosos Trabajos de Heracles), la Diosa lo reconoce como uno de los suyos y el propio Heracles se pone a su servicio. Así, Heracles se convierte en guardián y salvador de la Diosa, cuando Porfirión, un gigante, intenta violarla y es Heracles quien corre en su ayuda e intenta salvarla. Es entonces cuando la propia Hera le ofrece a su hija, Hebe[4], como esposa. Esto sucede tras las apoteosis de Heracles. Es decir, cuando Heracles se convierte en un Dios o en uno con los Dioses. Algo que probablemente no hubiese logrado de no haber superado las pruebas que sufrió en vida. Muchas de ellas urdidas por la propia Hera.

Heracles guarda una estrecha relación con España, la tierra del Jardín de las Hespérides y donde transcurren algunos de sus Trabajos, y también muchas de sus leyendas[5], entre ellas, sus relaciones con Pyrene, hija del Rey Tubal y de quienes descenderían los españoles, además de los Reyes de Esparta.

 

Heracles, Pyrene y España.

Cuenta la leyenda que Gerión, el gigante de 3 cabezas había derrotado al Rey Tubal[6], pero sabía que debía acabar con Pyrene, la hija de Tubal, si quería realmente hacerse con el control del reino de su padre. Pese a estar enamorado de ella, o quizás por ello, y ante el rechazo de la joven, la persigue hasta las fronteras mismas del reino.

Pyrene, que estaba enamorada de Heracles-Hércules, sabiendo que el monstruo iría a por ella, huye a los bosques de las llanuras, morada de dioses, semidioses y hombres, para esconderse del horrible engendro de 3 cabezas. Pero Gerión consigue dar con ella e incendia todo, quemando todo lo que encontraba a su paso. Animales, bosques e incluso pueblos enteros fueron borrados de la faz de la tierra por culpa del fuego de Gerión.

Hércules que había visto las llamas del gran incendio y escuchado los gritos de pánico de Pyrene, que presentía su pronto y terrible final, corrió a socorrerla. Se adentró en los frondosos bosques en llamas. Pero todo fue en vano. Cuando Heracles llegó la princesa Pyrene, moribunda, solo tuvo tiempo de contarle lo que había sucedido. .La princesa murió presa de las llamas.

Hércules, el gran guerrero y semidiós que luchaba contra los enemigos de Iberia, no pudo salvar a la bella y amada Princesa Pyrene. Aquel fracaso lo hundió en una profunda depresión. Triste y desconsolado, con el corazón hecho pedazos, cubrió el cuerpo con un manto cenizas. Además, sobre el cuerpo de la bella princesa fue amontonando grandes piedras en forma de mausoleo. Una piedra tras otra fueron dando forma a este singular sepulcro y formando una barrera montañosa, que iba desde el Mar Mediterraneo hasta el mar Cantábrico, creando así los Pirineos[7].  

 

Esta cuestión es muy interesante desde el punto de vista mítico, que contribuyó mucho a conformar la identidad nacional –o identidades nacionales, como cada cual prefiera –de España y el conjunto de la Península Ibérica[8]. Pues desde un punto de vista mitológico, los íberos son descendientes de los atlantes por el linaje tartésico; pero también están emparentado con los hebreos a través de su nieto Noé y con los griegos mediante Heracles. Quien a su vez entronca a los iberos tartesico-noemitas con los egipcios, pues al propio Heracles-Hércules se le apoda el Egipcio. También, mucho más tarde, se reforzaría la vinculación egipcio-hebrea mediante Breogán, descendiente de Scotia, una hija del faraón egipcio y un escita llamado Goídel Glas[9]. Todos estos pueblos y figuras mitológicas tenían una característica en común, además de ser grandes guerreros y héroes civilizadores, eran también conocedores de la magia, de los secretos ocultos, aprendidos directamente de los Dioses en unas ocasiones o herencia de una civilización antediluviana en otras.

Ni que decir tiene la importancia que adquiere, desde este punto de vista, encontrar la Cueva de Hércules, que pasa por ser la Tumba de Hiram patria, una especie de Sancta Sanctorum en el que se habrían impartido enseñanzas místicas y secreta, y acaso también escondido importantes secretos relacionados con el origen del hombre y su destino futuro.

Quizás, a esta cuestión era a la que hacía referencia Mario Roso de la Luna[10] en aquel manuscrito en el que un judío encuentra un tesoro en la Cueva de Hércules, en la obra, de título no menos simbólico “El Árbol de las Hespérides”, que citamos a modo de ejemplo de la importancia que los cenáculos iniciáticos españoles han dado siempre al mito de Heracles-Hércules, así como al origen supuestamente atlante y a la más formal[11]hipótesis del tubalismo.

 

 La leyenda de la Cueva de Hércules.

Como decíamos, la leyenda asegura que era un lugar sagrado donde el propio Hércules, en algunos relatos también Tubal, enseñaba los secretos de los Dioses. Era, por tanto, un lugar iniciático que se encontraría bajo un palacio, edificado por el propio Hércules, de jade y mármol.

 

En esta cueva, se habrían ocultado, entre otros, el tesoro perdido de los visigodos[12], entre cuyas valiosísimas piezas, encontraríamos la Mesa de Salomón[13].

La profanación de esta Cueva por aquel que no está preparado, por supuesto, arrojaría terribles consecuencias, como ocurrió con la entrada en la Cueva, por pura avaricia, de Don Rodrigo, que se adentró en su interior trayendo para sí la perdición y la pérdida de España[14].

Estas características de la Cueva de Hércules la hacen asimilables a lugares tan emblemáticos como el Oráculo de Delfos, la Tumba de Hiram o incluso la propia Tumba de Jesús. Lugares en los que se creía estaban ocultos fabulosos tesoros y sobre todo conocimientos secretos de los que los iniciados sólo tienen conocimientos fragmentados, pues sólo en estos Lugares de Poder se podría recibir la completa iniciación y por tanto lograr el conocimiento necesario para la apoteosis, el ser uno con los Dioses.

Quizás hay quien cree que estas leyendas, en su mayoría de origen medieval, sólo son alegorías simbólicas que no refieren ningún punto concreto, al menos en plano físico. Relatos que se han transmitido de padres a hijos conformando el folclore y la tradición de muchas ciudades. Sin embargo, se sorprenderían de la cantidad de relatos que tienen que ver con esta Cueva y su búsqueda. Alguno de los cuales son relativamente recientes. Por ejemplo, se decía que en plena Guerra Civil, muchos toledanos pudieron huir de la batalla por el control del Alcázar de Toledo y de la ciudad[15] por unos pasadizos subterráneos que conectaban con un complejo de cuevas y grutas cercanas al pueblo de Mocejón. Allí, en efecto, sabemos que existen unas cuevas artificiales –al menos en parte –, que tienen unos 4.000 años de antigüedad. Por desgracia, se encuentran en manos privadas y en un estado lamentable de conservación, siendo muy peligroso adentrarse en ellas, lo que hace muy difícil su investigación arqueológica.

Quién sabe si en aquel lugar, entre esas cuevas que algunos aseguran tienen 4.000 años de antigüedad, algunas de ellas tan grandes como la propia Catedral de Toledo, no está la auténtica Cueva de Hércules y sobre ella, los restos del mítico palacio de jade y mármol. Por ahora, sólo podemos soñar.

 

La Cueva de Hércules de Toledo.

Sin ser la mítica Cueva de Hércules de las iniciaciones, la que es posible visitar en Toledo tiene también su historia y muchos enigmas que la hacen interesante al viajero. Aunque, posiblemente, se trata simplemente de las ampliaciones que fueron haciéndose en los subterráneos de la ciudad a las antiguas cisternas para el agua de los romanos.

En esto no hay discusión posible, pues todo el mundo está de acuerdo a que aquello que hoy se conoce como la Cueva de Hércules, bajo un inmueble donde antaño se levantaba la Iglesia de San Ginés hasta 1841, se trata de los restos de la infraestructura hidrológica de los romanos. Unas enormes cisternas que almacenaban el agua que abastecía al ciudad, una de las características más destacadas de las ciudades romanas, su abastecimiento de agua y la grandes obras de ingeniería para garantizar el suministro de tan preciado líquido.

Es muy probable, también, que los visigodos la usaran como Templo cristiano y también los musulmanes, que construyeron encima su mezquita, alterando la fisionomía de los aljibes, al menos de parcialmente. Pero la leyenda de este espacio subterráneo surge en el siglo XVI, cuando el cardenal Silíceo mandó practicar un reconocimiento del interior en 1546. Los exploradores se internaron con antorchas en los subterráneos de San Ginés; pero regresaron demacrados y contando tan terribles historias que la extraña cueva se tapió, considerándola poco menos que la puerta del infierno[16]

La cueva permaneció sellada hasta finales del siglo XIX y no ha podido abrirse al público hasta el año 2010, donde se ha convertido en un reclamo turístico, como ha ocurrido con otros subterráneos famosos de la ciudad de Toledo.

Y es que la ciudad de Toledo encierra un inframundo desconocido, como los sótanos de la Casa del Greco, levantada sobre el solar –y los sótanos– de la casa del marques Don Enrique de Villena, nigromante y ocultista que representa como nadie la escuela oculta de Toledo. Porque si todos conocemos a Toledo por su Escuela de Traductores, que alumbró el conocimiento en su época; los iniciados siempre han recordado otra escuela más desconocida y oculta, cuyo principal foco estaba en Toledo y versaba de las artes ocultas, la magia, la cábala y la alquimia. La ciudad de día y la ciudad de la noche, del Sol y la Luna, de la superficie y de los subterráneos, antaño temidos y hoy convertidos en bodegas, restaurantes y locales de ocio; pero que conservan –y sobre todo nos recuerdan– que en Toledo todo tiene una lectura más misteriosa y enigmática de lo imaginado.

 

Notas al pie:

[1] En algunas Tradiciones se dice que fue Tubal y no Hércules el iniciador de esta escuela de misterios.

[2] Héroe en el sentido clásico, que se asimila a Semi-Dios. O más bien, a hombre que alcanza su Divinización, en una de sus significaciones esotéricas más conocidas.

[3] Homero, Ilíada iv.50–67.

[4] Diosa de la juventud, hermana de Ares, hija de Zeus y Hera.

[5] No olvidemos que Heracles fue el mayor de los héroes de los griegos, por delante de Perseo (de quien era bisnieto) o incluso de Aquiles. Y es que Heracles se convierte en el adalid del Olimpo, en el guerrero que logra vencer y mantener a raya los monstruos de la Antigua Edad (los monstruos ctónicos) e impone el orden emanado del Olimpo. Esto hace que Heracles aparezca referido también en otras mitologías, como la fenicia o la etrusca, donde aparece como Hercle, hijo de Tinia y Uni, y a quien se venera como apa, padre. Los propios griegos identificaron a Heracles con otras Divinidades: con el Dios fenicio Melkart; con Jonsu y Herishef, egipcios, Jonsu es un Dios lunar que protege de los malos espíritus (igual que Heracles protege de las criaturas ctónicas) y está asociado a la medicina y la fertilidad de los campos. Por su parte, Herishef es Dios de la Justicia y la fertilidad, es un Dios Solar (en esta doble identificación helena encontramos la naturaleza andrógina de Heracles, que integra tanto lo Lunar como lo Solar, la Diosa y el Dios). Los griegos también identificaron a Heracles con Ogmios, el Dios galo de la elocuencia y la escritura. Pero se debe tener en cuenta que la “palabra” era considerada como algo mágico, en especial si se escribía. De hecho, Ogmios atrae a los suyos por medio de la magia y puede maldecir o bendecir usando la “palabra”. Por eso, también Ogmios aparece como Dios de la Justica, en tanto que para los celtas, la justicia estaba relacionada con el cumplimiento de los tratos, de la palabra dada. Así mismo, también es un Dios de la guerra, pues la palabra la usa para enardecer a los guerreros antes del combate. Todas estas características las encontramos también en Heracles e incluso en Hermes, Dios mensajero del Olimpo y protector de los jóvenes, los gimnasios y el ejercicio físico junto con Heracles y los Dioscuros, los gemelos Cástor y Pólux.

Por otra parte, no olvidemos –aunque esta es una opinión personal con la que quizás el mundo más académico no esté de acuerdo, y menos aún ciertos sectores religiosos –gran parte de la mitología indoeuropea como semítica tienen un antecedente común: los mitos mesopotámicos, en especial los sumerios. En estos mitos encontramos narraciones como la del Diluvio Universal o el mito del Árbol y la serpiente, asociados tradicionalmente con la mitología judeo-cristiana, pero que en realidad son de origen sumerio. Pero también, las Tradiciones sumerias alimentaron la cultura y religión grecorromana. Así, el descenso de Inanna al Inframundo parece ser el origen del mito de Perséfone. En lo relacionado con Heracles-Hércules, podemos identificarlo con Gilgamesh. Como Heracles, Gilgamesh también es un héroe que se transforma en Dios (Inanna lo reconoce como tal al llamarlo “hermano”) y también acude en ayuda de la Diosa, como hace también Heracles. Con esto no quiero decir que se trate del mismo personaje, de la misma historia narrada de modo distinto. Es evidente que para los griegos, Heracles poseía una identidad propia, pero es también evidente que sus leyendas encierran los ecos de los mitos sumerios entorno a la figura de Gilgamesh.

[6] Tubal, nieto o bisnieto –según el cronista –de Noé no es otro que el mítico Tubal-Cain, el maestro metalúrgico y figura clave en la Tradición esotérica. Sin embargo, aquí debemos hacer algunas precisiones importantes, pues en la Biblia se hace referencia a dos Tubal diferentes, al menos, en apariencia. Por un lado tenemos a Tubal hijo de Jafet, hermano de Mesec y nieto de Noé. Siguiendo este linaje, según el Génesis, En el Génesis se los cuenta entre los hijos de Jafet. (Gen. 10, 2). Los cimerios los habrían hecho retirarse a la zona montañosa oriental del Mar Negro, posiblemente a Georgia . Generalmente se cree que de la Iberia caucásica, la actual Georgia, estos íberos, emigraron a la península que se llamó luego ibérica en su honor.

Por otro tenemos a Tubalcain, del linaje de Caín, hijo de Lamec y hermano de Naamá. Junto a su padre, su madre, su madrastra y sus hermanos, es la simbolización del progreso y el avance cultural. Tubal Caín en concreto representa la metalurgia. Probablemente este nombre guarde relación con la tribu Tubal, de área sudoriental de Asia Menor, identificada con los tibarenos y que aparece mencionada junto a la tribu de Mesec en el Libro de Ezequiel (Ez. 27,13) y en el Libro de Isaías (Is. 66:19) para el siglo VII a. C., donde se les considera buenos guerreros y orfebres.

San Isidoro de Sevilla recogió la tradición, ya relatada por Flavio Josefo,​ en la que Tubal fue antecesor de los íberos y de Iberia.

Existe, además, otra leyenda vasca reafirma esta procedencia de vascos con Aitor, supuestamente hijo de Túbal.

Todas estas leyendas dan origen a lo que se denomina tubalismo, que defienden que Tubal fue el primer monarca íbero y que los españoles, y más singular mente los vascos, derivamos de su estirpe.

No obstante lo dicho, siempre ha existido una confusión e incluso absorción del Tubal íbero y los dos Tubal bíblicos, pues si bien el linaje es el de Noé, las características de Tubal son las de la estirpe de Caín, pues se describe como un héroe civilizador, y en muchas versiones, también un gran metalúrgico.

Tampoco podemos considerar la leyenda estrictamente cristiana, pues también los árabes consideraban a los íberos –y en parte así mismos, tras la ocupación musulmana y el mestizaje con sus antiguos pobladores – como descendientes de Tufayl Ibn Yafit ibn Nuh, es decir a Tubal, hijo de Jafet, hijo de Noé, primer poblador de la Península Ibérica.

Si es cierto que en otros relatos míticos del origen de España, que fueron perdiendo fuerza frente a la visión judeo-cristiana, Heracles, e incluso Eneas, estarían en el origen de la estirpe hispana. E incluso remontándonos más en el tiempo, sería Gargoris y los tartesos, descendientes de los Atlantes, quienes emparentarían con los griegos-egipcios (a Heracles se hacía referencia en ocasiones como Heracles el Egipcio) mediante Heracles y con los hebreos mediante Tubal.

[7] Pirineos deriva de Pyrene, que a su vez significa “Fuego Nuevo”, lo que arroja una significación esotérica muy importante. Además, la cordillera que hoy conocemos como Pirineos será considerada como Sagrada, al tratarse del  fruto del amor entre Pyrene y Hércules. Según  dice la Tradición,  Pyrene está enterrada exactamente entre Valle de Benasque y el los valles de Arán, justo debajo del pico más alto de los Pirineos, el Aneto.

[8] Son muchos los topónimos asociados a Heracles-Hércules y las referencias legendarias que encontramos en toda nuestra geografía. Unas de las más conocidas, las Torres de Hércules, tan presentes en nuestros escudos y con tanto arraigo en el Andalucía; o Segovia, ciudad míticamente fundada también por Heracles.

[9] Nótese que los escitas son un pueblo de origen iranio que pobló las regiones de Rusia, Ucrania y Asia Central, conocidas durante largo tiempo como Escitia. Estos pueblos están emparentados con los cimerios, los sármatas o los tauros, todos ellos parientes (en el caso de los cimerios se ha llegado a identificar) de la tribu de Tubal.

[10] Abogado, masón, teósofo, astrónomo y escritor español. Nació en 1872 y murió en 1931, conocido por el apodo de  El mago rojo de Logrosán (pueblo cacereño de nacimiento), fue miembro del Ateneo de Madrid y uno de los grandes ocultistas de finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Su obra, recuperada a comienzos de este nuevo milenio, no tiene nada que envidiar a muchos autores anglosajones y franceses con más fama. Además, fue un pionero en la investigación de los misterios y enigmas precolombinos y descubrió un cometa que lleva su nombre.

[11] La historiografía española defendió a capa y espada el tubalismo hasta bien entrado el siglo XX.

[12] Salvada del ataque de Nabucodonosor II, estaba guardada en el Templo de Jerusalén, hasta que Tito destruyó el Templo y llevó todos sus tesoros al Templo de Júpiter Capitolino, y más tarde –según se cree –al palacio del César.

Cuando los godos saquean Roma en el 410, el botín, entre el que se encontraba la Mesa de Salomón, es llevado a Carcasona, luego a Rávena y así por varias ciudades entre las que destaca Tolosa y Barcelona, hasta llegar a Toledo, donde finalmente se esconde –según la leyenda en la Cueva de Hércules –, perdiéndose la pista del tesoro y en especial de la Mesa de Salomón.

[13] Aunque se hace referencia a ella como Mesa, en muchos otros textos se habla de una Tabla o de un Espejo. Nadie está seguro realmente de qué es o qué fue la Mesa de Salomón. Es más, para muchos ocultistas, en realidad, la Mesa de Salomón no es otra cosa que la Tabla Esmeralda de Hermes.

[14] Se trata de una de las leyendas medievales más conocidas, la de Don Rodrigo (último rey visigodo) y la pérdida de España con las invasiones musulmanas. En ellas aparece la figura de Florinda la Cava, que para muchos es una referencia clara a la Cábala o a los secretos ocultos en la Mesa de Salomón.

[15] Una batalla de inicios de la Guerra Civil (julio del 36 a septiembre del 36) con más valor simbólico que táctico o estratégico. Aunque, obviamente, el control de aquella plaza, tan próxima a Madrid, tenía un papel militar importante, pero era mucho más el valor simbólico y la publicidad que se dio a la toma del Alcázar que el rédito militar en sí.

[16] Este suceso se registró en los anales de la ciudad de Toledo, por lo que no se es una leyenda en sí, sino un hecho real, aunque probablemente motivado por las creencias de la época.

 

Para saber más: 

Fran Garcia, Alberto Canosa, La Conspiración de la Cueva de Hércules y la mesa de Salomón, bubok, 2014.

Wilcox, Nicholas (Juan Eslava Galán) Los Templarios y la Mesa de Salomón, Barcelona, Martinez Roca, 2004.

Sanchez Dragó, Fernando, Gargoris y Habidis, Planeta, 2001 (la primera edición data de 1978).

Pierre Grimal, Diccionario de Mitología Griega y Romana, Paidos Ibérica, 2010 (primera edición en 1951)

Graves, Robert, Los Mitos Griegos, Barcelona, Ariel, 2012 (primera edición de 1955).

Carmona Sanchez, Jose Ignacio, España Mágica, Ediciones Nowtilus, 2012.

  1. Esteban Moreú, La Cueva de Hércules, Leyenda del siglo VIII, Barcelona, Gustavo Gili Editor, 1904.

Roso de Luna, Mario, Obras completas en 12 volúmenes, Cáceres, Centro de Estudios Mario Roso de Luna, 2003.

Santos Vaquero, Ángel, Historia, mitos y leyendas de Toledo, Toledo, Ediciones Covarrubias, 2010.

Canovas, Miguel Ángel, Toledo en sus leyendas, Ledoria ediciones, 2018.

En internet: www.leyendasdetoledo.com

 

Fuentes de las fotografías:

1.- www.redhistoria.com

2.- www.ecured.cu

3.- www.agenciasinc.es

4.- www.paseostoledomagico.es

5.- 

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