El tesoro perdido de la Ría de Vigo.

Un misterio que tiene su origen a principios del siglo XVIII y que aún motiva a cientos de buscadores de tesoros.

 

Escucha nuestro podcast en “Días de Radio” (Candil Radio) – (19/11/2020)

 

El 23 de octubre de 1702, galeones españoles, custodiados por barcos franceses, fueron atacados por la armada anglo-holandesa en plena Ría de Vigo ante la noticia de que portaban oro y joyas procedentes de América. La Batalla de Rande, en plena Guerra de Sucesión tuvo como resultado el hundimiento de varias naves y el surgimiento de una leyenda que llega hasta nuestros días. Y es que son muchos los que creen que con el hundimiento de varios barcos españoles se perdió uno de los mayores tesoros de nuestra historia.

El contexto histórico. 

Situémonos en el contexto histórico. El siglo XVIII se inicia con una Guerra Civil Europea, la llamada Guerra de Sucesión Española. Un conflicto internacional que enfrentará a todas las grandes potencias del momento y que se extendió por más de una década, entre 1701 y 1715.

Si bien es verdad que desde un punto de vista formal, la Guerra de Sucesión acabó con la firma del famoso Tratado de Utrecht1, en 1713, los últimos rescoldos de hostilidades en España continuaron hasta 1715, con la toma de Mallorca.

La guerra se desencadena a la muerte de Carlos II de España, que fallece sin descendencia, siendo el último representante de la casa de Habsburgo, lo que provoca el enfrentamiento militar de los aspirantes al trono borbones2 y austracistas3, apoyada cada facción por diferentes potencias europeas. Del lado de los borbones encontramos, principalmente a Francia y la España partidaria de Felipe V, casi toda castellana. Del lado de los autracistas estaban ingleses, holandeses, austríacos, alemanes, portugueses, etc. y gran parte de la España fiel al archiduque, cuyos apoyos se concentraban en Aragón y el norte de la península.

El conflicto se desencadena para evitar una unión futura de las coronas de España y Francia. Felipe V, francés, no renunció con la subida al trono de España a sus derechos sobre la corona de Francia. Al contrario, en su presentación como rey llega a afirmar: “ya no hay Pirineos; dos naciones que tanto tiempo han estado disputando la preferencia, no serán en adelante más que un solo pueblo”. Esta afirmación suponía alterar el equilibrio de fuerzas dentro de Europa, pero también imponer las ideas centralistas francesas, que nunca habían sido impuestas por los Habsburgo, quienes bajo la bandera común de la Cruz de Borgoña, la conocida como bandera de los tercios4, había gobernado como un rey de reinos, es decir, una monarquía federal o compuesta, como la definen a quienes no les gusta expresar el término federal por las confusiones políticas que puede generar por su significación en el presente5.

Es al comienzo de esta guerra cuando, en Santiago de Cuba se hace acopio de oro y joyas de todas las posesiones americanas para traerlas a España y sufragar con ello los gastos de la guerra6, por parte de la facción borbónica.

 

El mayor tesoro que jamás surco los mares.

La flota que debía traer todo aquel botín a España la formaban 18 galeones españoles, que transportaban el oro y las joyas, apoyados por 23 navíos franceses que servirían de escolta. Se trataba, según se dijo en la época, del mayor tesoro que jamás había surcado los mares.

Su destino era el puerto de Sevilla, sin embargo, cuando la flota llega a las Azores, reciben información acerca de los movimientos de la armada anglo-holandesa. Al parecer, los ingleses se enteraron de las intenciones de los borbones y enviaron una poderosa flota a las costas de Cádiz, a esperar la llegada de los galeones españoles y hacerse con el botín. Confiaban que una victoria naval de semejante naturaleza y un golpe tan duro a las arcas borbónicas, forzarían una negociación y un final rápido de la guerra.

Pero la flota hispano-francesa, al comprender las pretensiones de sus enemigos, deciden variar el rumbo. No está claro aquí cómo llegan a saberlo los aliados anglo-holandeses, pero se dan cuenta de la maniobra y redirigen su flota hacia las costas de Vigo, el destino alternativo de los barcos que transportaban el oro y las joyas de la américa borbónica.

Desde un punto de vista estratégico, la decisión de navegar hacia Vigo no fue, quizás, la más acertada de todas, pues las defensas costeras de Galicia no estaban igual de preparadas que las gaditanas. Quizás, lo más adecuado hubiese sido permanecer en las Azores y esperar refuerzos. Pero, también hay que reconocer que todo el mundo sabe torear una vez pasa el toro, y que en medio de aquella tensión, es muy probable que cualquiera hubiese optado también por una decisión de aquella naturaleza.

 

La Batalla de Rande.

La flota hispano-francesa, al mando del francés François Louis de Rousselet, entró en Vigo el día 22 de septiembre de 1702. Se refugiaron en el fondo de la ría, en la ensenada de San Simón, pasado ya el estrecho de Rande protegido por dos castillos: el de Corbeiro al norte, y el de Rande, al sur.

Es aquí cuando surge la leyenda y estalla la confusión. Según unos, el Consejo de Indias decidió que el cargamento permaneciera en los barcos porque en la ría de Vigo se hacía muy difícil su desembarco, siendo Sevilla el único puerto preparado para estos fines. Otros aseguran que el tesoro sí se llegó a desembarcar y fue transportado en mulas, burros y caballos en secreto.

El caso es que la flota hispano-francesa se encontraba, un mes más tarde, con la llegada de la flota anglo-holandesa. Si los barcos españoles y franceses sumaban un total de 42, los ingleses y holandeses eran 150, 70 de ellos de línea. En total, la defensa de Vigo, incluida la guarnición de los barcos, contaba con poco más de 10.000 hombres, mientras que frente a ellos, tenían un ejército de casi 25.000 hombres, donde destacaban, además de las guarniciones de los barcos, un potente contingente de infantería de marina.

Para colmo, la posición de los barcos hispano-franceses, en la ensenada de San Simón, muy juntos unos con otros, restándoles capacidad de maniobra y potencia de fuego, auguraba el desastre que sobrevino en menos de diez horas.

Los ingleses lograron una victoria rápida sobre los buques y tomaron las rías, pero no pudieron hacerse con la ciudad de Vigo, que resistió el ataque gracias a sus murallas.

Los ingleses, tras unos días saqueando las costas, decidieron marcharse, sabiendo que sería imposible defender la ría si los españoles decidían contraatacar desde la ciudad, apoyados por tropas de refuerzo. Con ellos se llevaron, según se cuenta, todo cuanto pudieron robar en la costa, pero ni una sola pieza del famoso tesoro.

Los oficiales españoles, al ver que todo estaba perdido, decidieron prender fuego a sus barcos y hundirlos ellos mismos antes que fueran tomados por los británicos. La leyenda cuenta que aquellos barcos se hundieron aún con el fabuloso tesoro que custodiaban en su interior.

 

La leyenda del tesoro.

Desde aquel momento, San Simón y la ría de Vigo han estado vinculadas a la existencia de un fabuloso tesoro, que incluso algunos gobiernos de España, como fue el caso del gobierno de la I República, han buscado en vano.

Incluso, el gran Julio Verne, hace un guiño a esta leyenda en sus 20.000 leguas de viaje submarino, cuando el Nautilus del Capitán Nemo llega a la isla de San Simón donde se aprovisiona de oro, que no sería otro que el oro del tesoro perdido durante la batalla de Rande.

Sin embargo, en honor a la verdad, y por más que nos guste dar rienda suelta a la imaginación, lo cierto es que todo apunta a que el oro fue desembarcado. Según asegura Xose Ramón Barreiro, Presidente de la Real Academia de Galega y catedrático de historia contemporánea de la Universidad de Santiago, el príncipe Barbanzón, Capitán General de Galicia, por aquel entonces, habría transportado el tesoro en mil carretas tiradas por bueyes llegadas desde Pontevedra y que partieron rumbo a Madrid. Existe, incluso, documentación del paso de aquellas carretas por Lugo, lo que es de supones que el tesoro viajaba en aquella caravana de carros. No obstante, aún son muchos los que se adentran en las aguas de las rías de Vigo esperando poder encontrar el tesoro. La última búsqueda seria de los barcos hundidos y del tesoro corrió a cargo de la empresa alemana San Simón GmbHi Gr, que ofreció a la Xunta invertir más de trescientos millones de euros en la búsqueda de los barcos hundidos7.

 

Notas al pie:

1 Dicho tratado modificó el mapa y las correlaciones de fuerzas de la vieja Europa hasta el punto que aún hoy en día se siente su influencia.

2 Partidarios de Felipe, duque de Anjou, principalmente eran del Reino de Castilla.

3 Partidarios del archiduque Carlos de Austria, principalmente eran del antiguo Reino de Aragón y del Reino de Navarra.

4 Era la que usaron los partidarios de Carlos de Austria, por eso acabó borrada de nuestros emblemas, perviviendo, sólo, en algunos –pocos –regimientos militares.

5 No vamos a ahondar más en este tema y remitimos al lector a las diferentes fuentes que existen (muchas y muy buenas) para que forje su propio criterio al respecto. Algo ocurrido hace más de 300 años no resta ni aporta legitimidad a ninguna cuestión política presente, que de ser útil, debe mirar al futuro y no al pasado. Pero si debemos recordar que la opción testamentaria inicial de Carlos II era José Fernando de Baviera, príncipe elector del Sacro Imperio Romano Germánico. Y que en cualquier caso, la actitud del candidato al trono francés supuso una ruptura de los acuerdos firmados en Londres para evitar la guerra, el llamado Segundo Tratado de Partición.

6 Una de las características de esta guerra es el uso masivo de mercenarios por parte de ambos bandos y el del costosísimo precio que supuso el conflicto, tanto en vidas humanas, como en ruina económica para todos los contendientes.

7 La voz de Galicia de 9 de diciembre de 2007.

 

Fuentes de las fotografías:

guias.masmar.net

www.historiaespana.es

www.elespanol.com

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