El Equinoccio y el Día del Orgullo Pagano.

Escucha nuestro podcast en «Días de Radio» (Candil Radio) – 22/09/2022

Como todos nuestros amigos de la Estirpe del Lobo sabrán, éste viernes 23 de septiembre tendremos el equinoccio de otoño, uno de esos dos momentos del año en los que el día y la noche duran exactamente igual, pero al contrario que su hermano primaveral, a partir del cual los días serán más largos, con el equinoccio de otoño ocurre justo lo contrario: que los días comenzarán a ser cada vez más cortos y las noches cada vez más largas. Si a esto le unimos la llegada del otoño, la caída de las hojas y la bajada de las temperaturas, el paralelismo simbólico con la última penúltima etapa de la existencia humana, la madurez que precede a la vejez, es más que evidente. Incluso para muchos, ésta sería la correspondencia anual con la propia ancianidad. No debe extrañar, en consecuencia, que nuestros ancestros vieran en el equinoccio y en el mes de septiembre en general un momento de singular transcendencia y evidente sacralidad.

Quizás los más importantes misterios de la antigüedad, los Misterios de Eleusis, se celebraban en septiembre, no mucho antes del equinoccio de otoño. Estos consistían en una peregrinación, un baño ritual, un breve ayuno que nos preparaba para el ágape tras el cual, llegada la noche, se serviría el Kykeon o bebida sagrada y se desvelarían los secretos de la vida y la muerte.

Recordemos, por si alguno está algo despistado, que en los Misterios de Eleusis tiene un especial protagonismo Dionisos, Hécate, y sobre todo Deméter y Perséfone, cuyo mito trata del rapto de Perséfone, quien se verá obligada a pasar la mitad del año junto a Hades en el Inframundo. Esta mitad corresponde al momento de oscuridad del año, el periodo que transcurre durante el otoño y el invierno. Es en estos Misterios de Eleusis donde se celebraba, entre otras cosas, la despedida de Perséfone. Es también de aquí -y de la ayuda de Hécate, la guardiana de las puertas y los cruces de caminos- que el hombre pudo conocer los secretos del “más allá”, pues antes nadie había regresado del Inframundo, pero ahora, gracias a Deméter, Hécate (que la ayuda y guía en el camino), y Perséfone, se pueden conocer los secretos de la muerte y de la vida.

Fijémonos en lo importante del hecho que tres divinidades, la Triple Diosa, como se la conoce, participen en esta narrativa mítica. Una cuestión no baladí, pues no sólo tendrá una extraordinaria importancia en el desarrollo del pensamiento hermético occidental, en el cual se perpetuó el Principio Sagrado Femenino, sino que también tuvo mucha importancia en la persecución de estas fiestas y celebraciones durante el periodo de más intolerancia del cristianismo.

Y es que estas fechas están muy asociadas a la Diosa, pues como rezaban los iniciados en los Sagrados Misterios de Eleusis “la Omnipotente ha parido al Omnipotente”. Sin embargo, estas cuestiones se olvidaron, ocultas por la noche de los tiempos y el fanatismo religioso. Por suerte, estamos entrando en una Edad diferente, un momento de mayor Luz y comprensión de la realidad. Por supuesto, la resistencias a este cambio, a esta transformación profunda de la sociedad, que nos lleva de regreso a nuestra propia esencia, a fin de poder sublimar nuestra naturaleza, son también más fuertes que nunca. Como se suele decir: “el momento de mayor oscuridad es justo antes del anochecer”.

Parte de este cambio lo podemos apreciar en el renacer de la celebración de las estaciones, de las fases lunares o de las efemérides solares. Un renacer vinculado al resurgimiento del paganismo y la aparición de nuevas religiones mistéricas como la Wicca.

Es en este contexto en el que se han vuelto a celebrar los Solsticios y los Equinoccios, así como los puntos intermedios. Por si alguno de nuestros amigos no lo sabe, existen ocho celebraciones o Sabbat a lo largo del año, que a su vez se divide en dos grupos: los Sabbat menores, que se corresponden con las efemérides solares (solsticios y equinoccios) y los mayores, que son justo los puntos intermedios entre estas celebraciones. Los primeros son Yule (Solsticio de Inverno), Ostara (Equinoccio de Primavera), Lita (Solsticio de Verano) y Mabón (Equinoccio de Otoño). Los segundos son Imbolc, Beltane, Lammas (también llamado Lughnasadh) y Samhain (actual Halloween). Si bien, los nombres pueden variar de una tradición a otra, todos los simpatizantes con el paganismo, la Wicca y la New Age, conocen esta denominación, que es la más popular y difundida.

En el equinoccio de otoño, los paganos, además de celebrar esta festividad desde un punto de vista religioso o espiritual, también celebran el llamado “Día del Orgullo Pagano”, una jornada para dar visibilidad al neopaganismo y luchar contra los prejuicios y la discriminación continua que sufren.

Algunos pueden creer que el tiempo de las hogueras ha pasado, pero nada más lejos de la realidad. Los inquisidores continúan haciendo su trabajo con máxima eficacia. Sólo han cambiado los métodos, pero el objetivo sigue siendo el mismo: acabar con cualquier forma de pensamiento heterodoxo y libertador. Y esto, a quien nos quiere siervos e ignorantes, les pone muy nerviosos.

Muy conocidos son, por ejemplo, los asesinatos indiscriminados de mujeres en Tanzania acusadas de brujería. Estos linchamientos, muy habituales también en otras partes de África, son una forma de feminicidio socialmente aceptada, ante la que las autoridades suelen hacer la vista gorda.

Pero no crean que “Sólo ocurre en África”. En Colombia está al orden del día la persecución a las “brujas”, en su mayoría mujeres de entornos humildes. En Cali, en plena pandemia, casi linchan a dos mujeres acusadas de brujería. En Mica, también en Colombia, en concreto en el estado de Santa Marta, un destino muy turístico, también casi matan a otra mujer a golpes y quemada vida acusada de brujería el año pasado. Y la lista podría continuar con casos similares reportados en Perú, México, Guatemala, Honduras o Brasil.

Y es que la intolerancia promovida desde ciertas instituciones religiosas que pretenden el monopolio de Dios es más habitual y frecuente de lo que se imagina a simple vista, haciendo necesario visibilizar el paganismo contemporáneo y reivindicar su derecho a existir.

Basta recordar las polémicas generadas por obras como “Harry Potter”. En Polonia, un grupo de sacerdotes católicos quemaron libros de esta saga y hasta un paraguas de “Hello Kitty”, asegurando que así defendían a la infancia del demonio y sus seguidores.

Desde la Estirpe del Lobo, donde nos gusta la diversidad y la tolerancia, reivindicamos el derecho de rezar al Dios que te de la gana. O no rezar a ninguno. Nadie tiene el derecho a imponernos una religión ni es admisible que se permita quemar libros o señalar a autores. Cosa que nos enfada mucho cuando ocurre desde otras latitudes, pero que no tenemos que ir tan lejos para encontrar. Pues en Europa, en esa Europa que presume de libertad y derechos humanos, se queman libros como antaño y no pasa nada. Nadie hace nada y muchas de las autoridades ríen la gracia e incluso financian a aquellos que desean quemar las bibliotecas, los laboratorios, los museos y por supuesto, a todos aquellos que no piensan como ellos.

Pues aunque muchos no quieran reconocerlo, hay una parte muy importante de la sociedad que no prende las hogueras en las plazas porque no pueden, no por falta de ganas. Y éste es el verdadero problema de nuestro siglo, que convivimos con la tecnología del siglo XXI y los fanatismos medievales.

Por eso es que estos días son tan importantes, porque sirven para reivindicar y concienciar a la sociedad de la necesidad de tomar medidas que garanticen la libertad de culto y de pensamiento.

Pero ¿por qué se escogió esta fecha? El Proyecto del Orgullo Pagano, cuyos objetivos son fomentar el entendimiento y la educación acerca del paganismo, el apoyo a diversas organizaciones benéficas y acercar a las diferentes tradiciones y comunidades paganas que practican en el planeta, se inició en la década de los 90, pero se constituyó como organización sin ánimo de lucro en 1997. El logo del proyecto muestra varios símbolos paganos que rodean la Tierra: el símbolo del Yin y el Yang, la Cruz celta, el Mjollnir, el símbolo de la Triple Diosa, el Ojo de Horus, la Venus de Willendorf, el ankh, el Pentagrama wiccano, el Triskelion, la Piedra Megalito, el Green Man, el Eneagrama, la cabalística, y el Árbol de la vida.

Una de las características de este día es su valor social y su implicación en diversas causas benéficas, tanto ambientales como animalistas y sociales. Y es que aunque los diferentes grupos paganos se implican mucho durante todo el año en la defensa de los derechos humanos, los derechos de los animales y el cuidado del medio ambiente, destacando su colaboración en la lucha contra la discriminación del colectivo LGTB y los refugios de animales, en éste día se tiene especial interés por visibilizar el compromiso de la comunidad pagana con estas causas.

Hay que comprender que las religiones paganas tienen su origen en sociedad agrícolas. Estamos al final de la cosecha. El verano acaba y se acerca el invierno. Es momento de hacer los preparativos para la etapa más dura del año, en la que escasearán los recursos. Por ello es el momento de compartir, de ponen en común los bienes y recursos para que nadie quede atrás ni sólo durante el tiempo que se aproxima. Por eso esta fecha está tan vinculada con la acción social de la comunidad pagana.

Pero además es importe resaltar que la festividad actual, Mabón, es en realidad una invención moderna. Es cierto que se inspira en el folklore celta, pero no existía ninguna fiesta conocida como tal en las tradiciones celtas.

El término Mabón fue inventado por Aidan Kelly y se popularizó en los años 70 como parte de un proyecto de estudios religiosos (el uso moderno de Litha para el solsticio de verano también se le atribuye a él, aunque en lo referente al Solsticio de Verano no hay ninguna duda a la celebración popular del mismo, en el Mediterráneo como fiesta de San Juan, por ejemplo).

Aidan Kelly se inspiró en el personaje mitológico «Mabon fab Modron», Madon, hijo de Modron. Modron, en la mitología galesa significa Madre Divina. Aquí encontramos un curioso guiño a los Antiguos Misterios, pues no deja de ser significativo que el nombre de la festividad coincida con el de un “Hijo de una Diosa”, recordando aquel “La Omnipotente ha parido al Omnipotente”.

Esto no significa que con anterioridad no existiera una marcada intención ritual en estas fechas. Solo que no estaba tan vinculada al folclore como otras festividades y que era conocida por otros nombres. En la Wicca Gardneriana, cuyo papel protagonista en el renacer de la brujería y el paganismo es incuestionable, se referían a el simplemente como Equinoccio Otoñal, sin darle ninguna otra denominación de origen celta. Antes incluso, en el siglo XVIII y comienzos del siglo XIX, Iolo Morganwg se refería a esta celebración Neodruida como «Alban Elfed”.

Al elegir esta fecha se lanza también un potente mensaje: no todas las tradiciones tienen que ser milenarias. El paganismo no es algo muerto, sino que ha renacido y se adapta a los tiempos actuales, evolucionando y trayendo al presente lo mejor del pasado para construir el mejor de los futuros.

 

Fuentes de las fotografías:

1.- www.grupolipo.blogspot.com

2.- www.diainternacionalde.com

3.- www.dw.com

4.- www.amoresceltas.com

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