El Aguinaldo y las cestas de Navidad.

Asimilados a los regalos navideños, en realidad no tiene mucho que ver, aunque muchos puedan creer lo contario. Intentemos aclarar la cuestión.

El origen de estas costumbres parece que se encuentra en la antigua Roma, donde se generalizó como costumbre social –e incluso se institucionalizó– la práctica de acompañar los buenos deseos de Año Nuevo con pequeños regalos. Estos presentes se denominaban strenae, posiblemente por la Diosa Strenia, Diosa de la salud y la buena suerte, cuyo culto coincidía con el comienzo del Nuevo Año en la Antigua Roma, que en aquellos tiempos  se celebraba en primavera, hacia nuestro actual mes de marzo.

Esta tradición, según la leyenda, fue iniciada por el propio Rómulo y consistía en el intercambio de pequeños obsequios de carácter simbólico y objetivo propiciatorio. Por ejemplo, una moneda para desear buena fortuna, pero sobre todo, pequeños amuletos. De hecho, en esta costumbre también podemos encontrar las referencias más antiguas a las tarjetas navideñas. Pues aquellas monedas eran auténticos amuletos en los que se inscribían diferentes deseos, deseando un feliz y próspero Año Nuevo.  

Con el tiempo, las clases altas asumieron la costumbre de ofrecer dinero a sus sirvientes, mientras que estos sirvientes solían ofrecer a sus señores pequeños panes adornados con frutas escarchadas, una costumbre que se conservó durante la Edad Media, al menos en lo que a los obsequios que las clases altas ofrecían por fechas navideñas entre sus siervos y vasallos, así como entre las clases más desfavorecidas.

Hay que decir que el actual nombre de aguinaldo puede tener su origen en el término “eguinad” con el que parece que los celtas denominaban los regalos de Año Nuevo, tradición que parece que adoptaron de los romanos. Así mismo, existe también quien considera que “aguinaldo” deriva de la locución latina hoc in anno, que significa «en este año», que, en cualquier caso, viene a designar lo mismo: una gratificación o estipendio extraordinario que se entregaba por Navidad o año nuevo a los sirvientes, vasallos y empleados.

Esta práctica mutó en el siglo XIX y siglo XX, a medida que los trabajadores lograban consolidar sus derechos. Así, el aguinaldo se transformó en un salario extra que debían abonarse a los trabajadores. En España, el origen del aguinaldo como salario se sitúa en los años de posguerra de la dictadura franquista. En 1944 una orden gubernamental exigió que en el aguinaldo navideño se pagase, como mínimo, el sueldo de una semana. Más tarde, en 1947, el régimen franquista instauró la paga del 18 de julio que iba a celebrar el golpe de Estado de 1936, igualmente por valor de una semana de salario. Con la llegada de la democracia a España, el Estatuto de los Trabajadores de 1980 estableció que el salario anual sería dividido en 14 pagas mensuales, correspondiendo las dos extraordinarias a verano y Navidad. Para que la paga de verano dejase de conmemorar una fiesta de la dictadura, se trasladó oficialmente al 24 de junio, santoral del rey Juan Carlos I, aunque aún existen muchos convenios en los que la paga extra de verano se percibe junto al salario de julio.

Esta transformación de la costumbre en derecho laboral llevó a que muchas empresas, además de cumplir con la obligación de la paga extra navideña o aguinaldo, regalaran también alguna cesta con dulces y productos típicos de navidad. Estas Cestas de Navidad han sido objeto en la actualidad de controversia, dado que con la terrible crisis del 2008, muchas empresas decidieron suprimir esta costumbre para ahorrar costes. Sin  embargo, varias sentencias judiciales han indicado que la Cesta de Navidad es una obligación siempre que se tratara de un derecho consolidado; es decir, una “permanencia continuada en el tiempo”, que no se puede suprimir sin llegar a un acuerdo con los empleados.

También de esta vieja tradición del aguinaldo derivaría la costumbre, sobre todo de países de centro y norte de Europa –que también llegó al mundo anglosajón, aunque menos al mundo latino–, de grupos de niños que, cantando villancicos, solicitan algunas “propinas” o aguinaldos de casa en casa. Una tradición que va decayendo, al igual que las tradiciones más latinas, vinculadas a la Iglesia Católica, de las llamadas “misas de aguinaldo”, que en su origen fueron una concesión del Papa Sixto V a Fray Diego de Soria, mediante la cual se permitía en la misas celebradas en Nueva España entre el 16 y el 24 de diciembre, intercalar los pasajes bíblicos con representaciones de las escenas de la Natividad agregando música, villancicos, cohetes y bengalas.

Hay que señalar, también, que el aguinaldo –como los regalos navideños en general– también tuvieron sus detractores. En especial los puritanos del siglo XVII y XVIII en Estados Unidos se oponían a estas prácticas –e incluso a la celebración misma de la Navidad–, por no considerarla de origen bíblico sino una herencia de antiguas festividades paganas.  No les faltaba razón.

¿Por qué el pavo está tan presente en las cenas navideñas?

Aunque es muy difícil de precisar el origen de la tradición de cenar pavo en Navidad, todo apunta que el origen inmediato es el predominio de la cultura anglosajona y el protagonismo que tiene esta ave en la famosa cena de Acción de Gracias, considerada por algunos como una suerte de “Navidad laica”. Sin embargo, también existe la hipótesis de un origen más europeo, pues hay quienes consideran que la adopción del pavo en las cenas y comidas navideñas se adoptó como forma de hermanar las tradiciones del viejo mundo y del nuevo.

Recordemos que el pavo es de origen americano y que llegó a Europa de la mano del desarrollo del comercio y el auge del imperio español. Es, por tanto, uno de los muchísimos alimentos que les debemos a nuestros hermanos americanos, como el maíz, la patata, el boniato, la habichuela, el tomate o el girasol. Alimentos que causaron un profundo cambió en la alimentación en Europa y una auténtica revolución gastronómica. Y en esta cuestión hay que reconocer el papel determinante que jugaron algunas órdenes religiosas, en especial los jesuitas, quienes trabajaron mucho por la integración de las tradiciones alimenticias tanto en Europa como en América, conscientes de los beneficios que esta integración iba a tener tanto en la salud como en la cultura de los pueblos de las dos orillas del Atlántico.

Así, fueron los jesuitas quienes primero comenzaron la crianza del pavo en Europa. En concreto la iniciaron en la localidad de Bourges del departamento de Cher, en la región central de Francia. Y probablemente también por esta cuestión, fue en Francia dónde empezó a degustarse con frecuencia entre las clases adineradas. Así en las cortes del siglo XVII ya era muy habitual encontrar este plato, que ya aparece en el famoso recetario de Grimod de la Reynière, el padre del periodismo y la crítica gastronómica, del siglo XVIII.

El pavo en el continente americano siempre ha tenido especial relevancia. Benjamín Franklin, por ejemplo, defendió que la imagen del águila calva como animal representativo de EE.UU. fuera sustituida por el pavo. Tanto porque se creía que fue el alimento básico de los peregrinos del Mayflower tras el desembarco de 1620, como por el papel simbólico y religioso que tenía para los pueblos americanos. Entre algunas tribus indoamericanas, como los Apache y los Hopi, el pavo está asociado a ciertas prácticas curativas y a la fertilidad, siendo considerado un “dador de vida” y partícipe en la creación. Para los aztecas era también considerado un animal de gran simbolismo, vinculado al Dios Tezcatlipoca, divinidad de la noche y las cosas materiales. Por citar algunos de los ejemplos más conocidos del carácter simbólico que este animal tiene en el continente americano, en especial en centro y norte.

En realidad, aunque el animal es de origen americano y lo es también la tradición de cenar pavo en fechas señaladas, quienes iniciaron esta tradición fueron los europeos, y más en concreto los españoles. Tal y como han explicado los historiadores Michael Gannon y Robyn Gioia, fueron los colonos españoles quienes comenzaron a celebrar Acción de Gracias y a usar el pavo en sus cenas conmemorativas. En concreto, el 8 de septiembre de 1565, en la localidad de San Agustín de Florida.

Por eso resulta tan interesante esta peculiar tradición, porque aúna lo mejor del viejo y el nuevo mundo, de lo pagano y lo cristiano, lo profano y también lo sagrado. Y bueno, es ya algo tan popular que incluso existen “opciones veganas” muy ricas y saludables.

Para saber más:

1.- www.historia.nationalgeographic.com.es

2.- www.elconfidencial.com

3.- www.fullspain.com

 

Fuentes de las fotografías: 

1.- www.elplural.com

2.- www.lecturas.com

3.- www.wikipedia.org

 

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