Covadonga García Fierro: versos de rabiosa actualidad sobre el pasado.

Covadonga García Fierro es una de esas poetas que no dejan indiferente a quien pretende encontrar en los versos una metáfora en la que refugiarse quizá de todo, quizá de uno mismo. Filóloga hispánica por la Universidad de la Laguna (premio final de carrera), máster en Teoría e Historia del Arte y Gestión Cultural y máster en Formación del Profesorado de Secundaria, Bachillerato, FP e Idiomas, y ejerciendo en la actualidad como profesora de Lengua y Literatura y de Prácticas Comunicativas y Creativas en Secundaria, ha sido premiada en varias ocasiones debido a su extraordinaria producción literaria.

En este encuentro virtual nos centramos en su colaboración con “Trasdemar”[1], tan centrados en las calles, los olores, las fronteras y las personas que convivieron con ella en Sangreña[2], localidad de su niñez.

Para que te podamos conocer mejor: ¿cómo nace tu escritura?

Mi escritura nace en la adolescencia. Sabemos que esta etapa de la vida es muy compleja, se producen muchísimos cambios en nosotros mismos a esa edad, cambios que son biológicos y químicos, pero también emocionales. Empezamos a tener nuestras primeras exploraciones y descubrimientos en diferentes ámbitos, empezamos a comprender qué nos gusta, cómo somos, cuáles son nuestras habilidades y nuestras carencias… En ese proceso de aprendizaje personal y de exploración del mundo que me rodeaba, la lectura y la escritura fueron mis grandes compañeras.  Debo agradecer muchísimo el apoyo de mis profesores de Bachillerato, especialmente a Raúl Abadías (Literatura Universal), Eva Ibáñez (Latín) e Isabel Heredia (Inglés), que me animaron muchísimo a escribir  y a no dejar de leer nunca.

¿Qué fue antes en ti: la poesía o la prosa?

Diría que una mezcla. Empecé escribiendo reflexiones personales sobre temas como la soledad, el paso del tiempo, el amor, la muerte… Eran  textos escritos en prosa, pero con lirismo, figuras retóricas y un lenguaje cargado de subjetividad. Era prosa poética. A lo largo del tiempo, esa escritura inicial ha ido transformándose hasta convertirse en lo que entendemos  propiamente como poesía en verso, que es lo  que los lectores encontrarán en Almario (2015) y Genética del llanto (2019).

Covadonga, leyendo tus versos se nos dibuja en la mente la memoria de tiempos que, aunque tienen la posibilidad de revivir dentro de ti, nunca volverán. ¿Qué peso tiene la melancolía en tu forma de definir Sangreña?

La palabra melancolía es hermosa, tiene una cadencia musical. Es una palabra que siempre me ha gustado y que me recuerda precisamente a mi adolescencia, leyendo a Pablo Neruda y aquel emocionante poema en el que dice “te pareces a la palabra melancolía”. No obstante, si me lo permites, yo hablaría más de nostalgia que de melancolía. En la melancolía va implícita una pena o una honda tristeza, mientras que la nostalgia tiene el matiz de que anhelas algo, pero no necesariamente sientes esa pena que te hace sentirte derrotado. Mi nostalgia es así, consiste en rememorar los espacios en los que fui feliz y las personas que me dieron un momento de plenitud. Rememorar no desde la pena, sino precisamente desde la serenidad y la alegría de haber podido vivirlo.

En tu poema “La aldea” nos hablas de un lugar, Sangreña, que no aparece en los mapas. ¿Estamos ante otra zona de España azotada por el fenómeno que conocemos hoy como “la España vaciada”?

Estamos ante una aldea que en los años 90 solo tenía 7 personas empadronadas, todas ancianas y campesinas. Me consta, porque he investigado un poco, que en los 2000 llegó a tener 10  habitantes inscritos, y en estos momentos ha vuelto a 7. Pero no creo que sea correcto hablar de una España “vaciada”, ya que Sangreña no se ha vaciado nunca: siempre ha sido como es. Una aldea en la montaña, en Asturias, en la que mi padre, mi hermano y yo vivimos hasta que nos vinimos a Canarias. Recuerdo las inmensas praderas, los frondosos bosques, el aullido de los lobos, los helechos y las ortigas, la granja de mi padre, ver labrar la tierra a las personas que allí habitaban. Personas que, independientemente de que supieran o no supieran leer y escribir, estaban cargadas de sabiduría. Recuerdo escucharlas hablar en bable y cantar mientras labraban. Era y sigue siendo un lugar verdaderamente hermoso, sencillo y natural. ¿Para qué llenarlo?

Cuando en “Mis muertos” nos muestras que tus ojos te han llenado de mundo, ¿ante qué estamos? ¿Se trata de convivir con los pasos que has dado en tu vida sin olvidar tus raíces?

Efectivamente. Mis ojos me han llenado de mundo. He viajado bastante por Europa, he recorrido muchos lugares y me han interesado muchas culturas. He viajado también a través de la imaginación, que es otra forma de viajar: a través de los libros, estudiando, investigando. Pero al final siempre regresan mis ojos a Sangreña. La sencillez de aquella vida plena, el amor a la naturaleza y a los animales, la perseverancia. Son valores que en las ciudades olvidamos demasiado a menudo. En Sangreña éramos como una gran familia. Siempre se daba lo que se tenía, no importaba que el otro no lo pidiera. Lita nos daba siempre la leche recién ordeñada de sus vacas. Otro vecino nos daba huevos. Cuando alguien estaba enfermo o tenía un apuro, no hacía falta que dijera una sola palabra: la ayuda llegaba cargada de afecto y sin esperar nada a cambio, por parte de todos los vecinos, sin excepción. Era una especie de obligación moral no escrita: las personas tenemos el deber de ayudar a otras personas.

En esta misma línea, ¿podrías definirnos más allá de tus versos qué significan Lita y Mateo? ¿Son aún hoy en día una inspiración en algún aspecto de tu vida o son solo un melancólico concepto al que acudir cuando la remembranza de la niñez te anuda el alma?

Lita fue una segunda abuela para mí y una segunda madre para mi padre. Y Mateo era un hombre al que vi cientos de veces, y en todas ellas estaba trabajando. Siempre sudando, siempre trabajando la tierra. Lo recuerdo porque cuando mi padre y él se saludaban, siempre decía la misma frase: El trabajo nos honra. Todas las personas que vivían en Sagreña me dieron una lección de vida sin pretenderlo: humildad, esfuerzo, generosidad.

En “El bosque” nos indicas que cuando nos adentramos en él, todo importa. ¿Qué valor le das a la naturaleza en tus creaciones? ¿Disfrutas de escribir en la soledad de la naturaleza?

La naturaleza no solo tiene importancia en mis creaciones o en las manifestaciones artísticas en general. Creo que debe formar parte de nuestras vidas. Una persona que no es capaz de maravillarse observando los procesos de la naturaleza, los árboles, las hojas, los animales, la lluvia, las estaciones, el canto de los pájaros; que no es capaz de valorarla y querer preservarla como el mayor bien que tenemos; para mí es una persona con grandes carencias como ser humano. Disfruto muchísimo de la naturaleza. Me inspira observarla, recrearla, sentir que formo parte de ella, igual que cada árbol, cada mariposa o cada hormiga. Por eso me ha fascinado siempre la literatura de Walt Whitman. El vitalismo que encuentro en su poesía es el mismo que encuentro en el bosque.

Además de tu faceta de escritora, de gestora cultural y de profesora, eres investigadora. Tu labor principal en ese ámbito ha estado centrada en la figura de Pino Ojeda, a la que has dedicado varios estudios y publicaciones. Otras autoras a las que has editado o estudiado son Digna Palou y Josefina Zamora. ¿Qué significan estas autoras para ti?

Con el paso de los años, me ha interesado cada vez más la literatura escrita por mujeres, precisamente porque en el instituto, en la carrera y en el máster de arte que realicé las creadoras eran las grandes desaparecidas. Digo desaparecidas y no ausentes porque nunca estuvieron ausentes. Estuvieron muy presentes. Pero sí las hicieron desaparecer del lugar que les correspondía en los libros de texto, en las exposiciones y en la divulgación científica. Visibilizar la obra y el legado de las mujeres, en todos los ámbitos, es para mí un acto de justicia. Considero fundamental que todas las personas nos comprometamos en nuestro trabajo. El mío, como bien dices, es enseñar, investigar y, en ocasiones, gestionar la cultura. Creo que la historia de la cultura, la historia de la literatura, la historia de las artes o la historia de la ciencia no pueden estar completas si arrancamos las páginas que protagonizaron las mujeres, que no son pocas. En cuanto a las autoras que citas, para mí son referentes importantes. Escritoras que tuvieron un gran talento, pero que por desgracia vivieron en un momento en el que no se valoraba lo que hacían, o que estuvieron rodeadas de personas que no tuvieron la suficiente sensibilidad para apreciar la calidad de sus obras. Espero que también se conviertan en referentes para las nuevas generaciones.

¿Queda mucho por hacer en el reconocimiento de la producción de nuestras escritoras?

Sí, queda mucho. Falta desterrar prejuicios y creencias heredadas del tipo “si no están en los libros es porque se sabe que no tienen suficiente calidad”. A menudo escucho ese tipo de afirmaciones de personas que no se han molestado en conocerlas. Falta leerlas de primera mano.

¿Tienes algún nuevo proyecto entre manos del que puedas hablarnos?

Tras Veinte escritoras canarias del siglo XX (Ediciones La Palma, 2020) e Incómodas. Escritoras españolas en el franquismo (Ediciones Eolas, 2021), la profesora Yasmina Romero me ha invitado a participar en un nuevo libro de artículos para 2022 que también tendrá como objetivo recuperar y visibilizar las voces de las escritoras. El nuevo volumen será muy especial y distinto a los dos anteriores. Hasta ahí puedo leer. También hay algunos proyectos con la Fundación Pino Ojeda y con otras instituciones culturales, pero de momento no puedo desvelar nada.

Covadonga, muchísimas gracias por concedernos esta entrevista. Somos conscientes del tiempo que hay que dedicar a la docencia y a la investigación, por lo que tu deferencia para con nuestra humilde página web es un regalo que valoramos enormemente. El Equipo de La Estirpe del Lobo te desea muchísimos éxitos: estaremos muy pendientes de tu producción. Salud y suerte.

Muchísimas gracias. Ha sido un placer.

Pueden consultar más información sobre Covadonga García Fierro en su web www.covadongagarciafierro.com.

 

Notas al pie:

[1] En el siguiente enlace podrán consultar los textos de Covadonga García Fierro: http://www.trasdemar.com/home/poesia/sangrena-poemas-de-covadonga-garcia-fierro/.

[2] Localidad del Principado de Asturias.

 

Fuente de la fotografía:

Sara García Benítez.

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