Austria prepara a sus ciudadanos para un gran apagón.

Desde la Estirpe del Lobo no nos gusta ser alarmistas y raras veces nos hacemos eco de ninguna noticia catastrofista. Al contrario, creemos que el mundo ya tiene demasiadas malas noticias y preferimos comentar siempre los avances científicos o hablar de los mitos y la historia, pues estamos convencidos que el futuro siempre será mejor que el pasado, pero que del pasado, de su hechos y también de sus creencias, muchas de las cuales perviven en el folclore, las tradiciones, las leyendas y los mitos, se puede aprender mucho. No obstante, la compleja y cambiante realidad en la que vivimos, nos obliga a estar atentos también a los riesgos que nos acechan. Uno de los más importantes –todos los estamos notando en el recibo de la luz–, son los riesgos energéticos. Nuestra sociedad es una devoradora de energía. Cada día que pasa multiplicamos la demanda energética y con este aumento de la demanda crece también el coste que pagamos por la energía y se incrementan también los riesgos de un desabastecimiento. El no haber hecho los deberes en cuenta a una transición energética justa, que garantice la soberanía energética y un coste tanto económico como ambiental más bajo, no está ayudando a gestionar la crisis energética actual.

El precio del gas está disparado, ocasionando un desajuste en todas las economías desarrolladas. El mayor riesgo es la inflación. El elevado coste del gas aumenta la factura energética y esto repercute en el coste de producción, almacenaje y distribución de los productos de consumo, incluidos los más básicos. Este incremento acaba repercutiendo en el precio, que presiona el IPC y aumenta la inflación, provocando que nuestro dinero cada vez valga menos.

Pero el riesgo más inminente puede ser el desabastecimiento de gas en Europa. Un invierno que se prevé muy frío, pues ya está formándose el fenómeno meteorológico que se conoce como “la niña”, y cuyas consecuencias en Europa son una bajada considerable de las temperaturas durante el invierno. Si esto se confirma en las próximas semanas, podemos estar ante uno de los peores inviernos en décadas e incluso el detonante de una crisis económica, además de la energética en la que ya estamos sumidos. Y todo en el contexto de la pandemia que aún no hemos superado del todo.

En este contexto, sería irresponsable no preocuparnos por la situación y no comentarla aquí. En especial cuando muchos gobiernos están tomando medidas y alertando a sus ciudadanos para que se preparen ante un invierno que puede ser realmente duro. Este es el caso de Austria, que como han recogido diversos medios nacionales e internacionales, ha alertado a su población ante la posibilidad real de un apagón eléctrico. De hecho, en palabras de la ministra de defensa austríaca, la señora Klaudia Tanner, <<la cuestión no es si habrá un gran apagón, sino cuándo>>. Según los expertos, el riesgo que un gran apagón energético afecte a gran parte de Europa en los próximos cinco años es muy elevado. Por esto, muchos países están tomando medidas de contingencia y preparando a sus ciudadanos para que sepan qué hacer cuanto esto ocurra.

Entre las medidas que aconseja el gobierno austriaco está el hacer acopio de combustible, velas, baterías, conservas y agua potable. Acordar con familiares y amigos un punto de encuentro donde reunirse para enfrentar la situación en grupo, apoyando a los más vulnerables, en especial niños, ancianos y mujeres embarazadas, y sentar las bases de una red de cooperación vecinal. Se trata de estar preparados  para vivir un apagón eléctrico que podría prolongarse días e incluso semanas, tiempo durante el cual los servicios públicos no podrán funcionar con normalidad o incluso dejarían de hacerlo en algunas zonas.

Puede sonar a ciencia ficción, pero lo cierto es que un gran apagón energético temporal es un riesgo muy a tener en cuenta, sobre el que muchos países se han puesto a trabajar para intentar evitarlo, o en el peor de los casos, paliar las consecuencias y que su población esté preparada, mantenga la calma y pueda dar una respuesta colectiva cívica y solidaria ante una situación en la que ni la electricidad, ni los medios de comunicación, ni el transporte, ni la mayoría de los servicios públicos –incluidos los de urgencia y emergencia– funcionarían, o no lo harían con normalidad.

El Reino Unido vivió un gran apagón hace apenas dos años, en 2019, que afectó a todo Londres y el Sur de Inglaterra. En esta ocasión apenas duró unas horas, y para las 18:30 de la tarde, según las autoridades británicas, el servicio eléctrico se había restablecido por completo. Pero lo cierto es que muchas familias y empresas aún tuvieron que esperar días para que se restableciera el suministro eléctrico en sus comercios. Aquel apagón causó un desastre en el sistema de transporte, afectando no sólo a los suministros, sino también al metro y a los ferrocarriles.

Ese mismo 2019, en el cono sur, también se vivió otro gran apagón que afectó a más de 50 millones de personas de Argentina, Uruguay y Paraguay. El servicio se logró restablecer en pocas horas en las principales áreas afectadas. Sin embargo, muchos barrios y zonas rurales tuvieron que esperar semanas para regresar a la normalidad.

Estos son ejemplos del riesgo cierto que existe en la actualidad de sufrir un gran apagón eléctrico, cuyas consecuencias podrían ser imprevisibles. Un riesgo que algunos países, como Austria, se están tomando muy en serio.

 

Consejos en caso de emergencias o catástrofes:

www.emergenciasmadrid.com

 

Referencias:

www.abc.es (Austria prepara a sus cuidadanos para un posible apagón a gran escala.)

www.abc.es (Un apagón deja sin luz a Londres y al sur de Gran Bretaña.)

www.abc.es (Un apagón deja a oscuras a gran parte del Cono Sur.)

 

Fuentes de las fotografías: 

1.- www.elcomercio.es

2.- www.okdiario.com

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